¿Qué se necesita para ser un buen músico? (parte II)

Si en la primera parte del artículo hablaba de la importancia de los elementos a trabajar para llegar a ser un buen músico, en esta segunda parte me gustaría centrarme en la actitud que es necesario tener para lograrlo.

Si comparamos la música con el funcionamiento de una máquina, las habilidades y los conocimientos adquiridos serían las piezas que la forman, mientras que la actitud se correspondería con los ajustes necesarios para que la máquina pueda obtener su máximo rendimiento. 

¿Dispuesto a hacer los ajustes en tu máquina? Continúa leyendo…

Perseverancia

Según la teoría del psicólogo sueco Anders Ericsson, necesitamos 10.000 horas de práctica para llegar a ser expertos en una disciplina compleja. Como imaginarás, tocar un instrumento se sitúa en esa categoría.

Sea verdad o no, el número de horas que tenemos que dedicar es muy elevado y por tanto requiere por nuestro parte mucho esfuerzo y constancia. Pero no tienes de qué preocuparte, porque el refranero popular está de nuestro lado: “sarna con gusto no pica”.

Paciencia

Es habitual que durante nuestro estudio nos encontremos con dificultades y que nuestros avances sean más lentos de lo que nos gustaría, pero es importante no desanimarse cada vez que esto ocurre.

El desarrollo de la paciencia ayudará a minimizar nuestra insatisfacción, pero si además creamos el hábito de observarnos desde fuera, tratando de no identificarnos con nuestras emociones, estaremos creando un ambiente sumamente favorable para la gestión y resolución de nuestras dificultades.

Perfeccionismo

Como la liebre en las carreras de galgos, la búsqueda de la perfección actúa como motivación en nuestro estudio y nos permite obtener avances significativos. Pero ojo, porque una exigencia excesiva puede volverse en nuestra contra y conducirnos fácilmente a la frustración y al correspondiente enfado.

Cuando eso ocurra, debemos ser comprensivos con nosotros mismos y permitirnos no haber podido cumplir con nuestras expectativas.

Mantener a raya al perfeccionismo pasa por aceptar nuestras propias limitaciones actuales y entender que el aprendizaje requiere como todo buen guiso, una cocción a fuego lento.

Concentración

La concentración es clave para poder disfrutar de un estudio eficiente. Si queremos aprovechar al máximo las horas que dedicamos a nuestro instrumento, es conveniente asegurarse un ambiente agradable y tranquilo para nuestro estudio y tratar de dejar a un lado nuestras preocupaciones.

Además de estos aspectos, debemos tener en cuenta que nuestra capacidad de concentración puede variar de un día para otro, por lo que debemos adaptar los siguientes elementos a cada ocasión: el número de horas que dedicamos al instrumento, la distribución que hacemos de esas horas y nuestra manera de estudiar.

Si procedemos así, nuestro estudio se volverá más eficiente y nuestra capacidad para concentrarnos aumentará paulatinamente.

Puede parecer una tarea difícil, pero mejorar la concentración es tan sólo cuestión de práctica, de buena práctica 😉

Planificación

El número de horas que pasamos delante del instrumento y la complejidad de la tarea, nos exigen un trabajo planificado. Cuanto mejor sea nuestra planificación, mayor rendimiento sacaremos de nuestro estudio.

Centrarse en exceso en los objetivos a largo plazo, como puede ser conseguir una interpretación sublime de una pieza, es terreno abonado para la frustración. Si queremos minimizar las frustraciones y conseguir el máximo rendimiento de nuestro estudio, debemos centrar nuestros esfuerzos en la consecución de pequeñas metas que nos conduzcan hasta nuestro objetivo final.

Mente abierta

Nuestra evolución como músicos depende de la evolución continua de nuestro criterio musical, por lo que es esencial que seamos permeables a nuevas ideas y maneras de hacer, ya sea que éstas nos lleguen a través de la lectura de un libro, de los consejos de un maestro o de la opinión de un compañero.

Será nuestro propio criterio el encargado de determinar si incorporamos esas nuevas ideas o si, por el contrario, las descartamos.

Amor por la música

El amor por la música es el ingrediente imprescindible de la receta. Es lo que nos llevó a estudiar un instrumento y debe ser en todo momento el motor de nuestro aprendizaje.

La soledad, el elevado número de horas de práctica y la complejidad que conlleva el estudio de cualquier instrumento, hacen que podamos perder la ilusión y el rumbo. En tales ocasiones, el amor por la música se convierte en nuestra estrella polar, ejerciendo de guía y devolviéndonos de nuevo al camino correcto.

Hasta aquí la segunda parte y última de este artículo. Aunque todavía nos queda algo muy emocionante: ponerlo todo en práctica!

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